Antes de empezar quiero avisaros de que esta reseña puede contener spoilers de los anteriores tomos. Esta tercera parte se hizo de rogar. Quería leer la última parte desde que terminé la segunda parte y ay, lo necesitaba. Necesitaba saber cómo terminaría todo. Decir que gracias a la editorial no hemos tardado mucho en saber cómo terminaría todo, y eso es de agradecer. Las portadas son preciosas, me encantan. Eso sí, la historia de dentro es igual de bonita que sus portadas.
Estoy enamorada de esta trilogía, no dejaré de recomendarla. El amor, la traición, la liberación de un país, las guerras, el sufrimiento y el dolor, están presentes en estos libros.
La última parte de la trilogía comienza tal cual la dejamos en la segunda parte, Kestrel acusada de traición por su propio padre, enviada a las minas a trabajar como una esclava y peor aún, drogada para acabar siendo una marioneta. Arin mientras tanto está preparándose para acabar con el emperador, intentando no pensar en Kestrel, aunque eso es muy difícil, ya que no deja de pensar en ella. Intenta explicarse el por qué de todo lo que ha pasado, hasta que gracias al destino Arín descubre la verdad de todo lo que ha pasado y hará todo lo posible por rescatar a Kestrel. No todo va a ser fácil, habrá muchos obstáculos ya que es un amor que parece estar maldito y nos hará sufrir tanto como siempre.











